Asociación Civil Mariano Moreno
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“Mariano Moreno fue el primer politólogo”

07/06/10 - 01:34

PorEstefanía Soledad Otero - PRESIDENTA ASOCIACION CIVIL MARIANO MORENO

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Hoy, 7 de junio, se cumplen 200 años de la creación del primer periódico de la era posterior a la Revolución de Mayo. Fundado por el secretario de la Primera Junta, Mariano Moreno, que le dio por nombre “Gazeta de Buenos Ayres”.
El primer reconocimiento a semejante suceso lo aportó el I Congreso Nacional de Periodistas, celebrado en Córdoba en 1938, a partir del cual se conmemora la fecha de la fundación de la “Gazeta de Buenos Ayres” como el Día del Periodista. Sin duda, Mariano Moreno fue un intelectual que constantemente buscaba la difusión de la cultura, la educación y los valores éticos y morales del ser humano.
Podemos reconocer en Mariano Moreno al periodista ilustrado de la Primera Junta. Sin embargo, creemos que tiene un valor agregado. Aquellas personas que estamos más cerca de la Ciencia Política sostenemos que se debe reconocer a Mariano Moreno como un investigador de los métodos de la disciplina de la politología, del estudio de los comportamientos humanos en el plano de la política. Sostenemos que Moreno pronunció por primera vez el problema de las instituciones y de los sujetos políticos y sociales en la realidad concreta de la sociedad política naciente.
Por eso, creemos que Mariano Moreno, además de ejercer el periodismo fue el primer politólogo argentino, por lo que reivindicamos el 23 de septiembre (en homenaje a su nacimiento) como fecha para celebrar el día de las y los profesionales de la ciencia política.

 
 
 
 
 
 
Presentación
Ricardo Romero*
“…mis discursos no llevan otro fin que excitar
los de aquellos que poseen grandes conocimientos…”
Mariano Moreno. Sobre las miras del Congreso, 1810
 
Esa convocatoria a la reflexión, que hacia Mariano Moreno en las miras de un anhelado Congreso Constituyente, fue la motivación que tuvo un grupo de jóvenes graduadas/os en Ciencia Política y otras disciplinas que al ver la crisis de la democracia argentina, se inspiraron en éste también jóven jacobino, que entregó su vida a un proyecto de país, para hacer una propuesta de cambio. Y al tomar la consigna de pensar una nueva Democracia para una Argentina que necesita volver a soñar, seguimos la perseverante apelación que Mariano Moreno hacía a los ciudadanos (hoy también a las ciudadanas), y encontramos en la gestión pública participativa un camino a recorrer hacia ese horizonte de una sociedad más justa e igualitaria.
Así fue que nació la Red Argentina de Ciencia Política Mariano Moreno, que hoy está constituida en asociación civil, que intenta dar soporte teórico y conceptual a la Democracia Participativa en nuestro país. Inspirados en los ideales del jóven de Mayo, a quien consideramos el primer politólogo argentino, e impulsamos el 23 de septiembre, su natalicio, como Día Nacional del/a Politólogo/a.
Esta compilación intenta dar un sustento a esa idea, a través de una selección de textos recogidos por la Red. Que comienza con un discurso del primer diputado socialista de América Latina, el Dr. Alfredo Palacios, quien incentiva a la juventud a retomar los ideales de Moreno y la Revolución de Mayo. A su vez, transcribimos una conferencia del Prof. Felipe Pigna que ofreció en la sede de la Gran Logia Argentina de Libres y Aceptados Masones, lugar emblemático de los cimientos de nuestro país, y donde presentó a Mariano Moreno como primer arquitecto de la nación. También incluimos los trabajos de Arturo Roig, Horacio Sanguinetti y Hugo Biagini, decanos estudiosos del pensamiento político argentino, y que nos nutren sobre la vida del jóven jacobino, su relación con la filosofia y el impulso juvenil en la historia de la época. A su vez, publicamos dos ponencias propias, donde por un lado Sylvia Ruiz Moreno acredita sobre la politología de Mariano Moreno y por otro, quien escribe, se exponen los aportes teóricos a la Ciencia Política y a la Teoría Política.
Se concluye con una nutrida selección de textos de la obra de Mariano Moreno, siguiendo un criterio cronológico, que va desde su defensa de los derechos de los indios hasta su renuncia a los honores y el retiro del gobierno. A veces se atribuye a Moreno una corta vida política, sin embargo, si vemos su “Disertación Jurídica. Sobre el servicio personal de los indios en general (1802)” podemos afirmar sobre su compromiso político desde su formación en la Universidad de Chuquisaca. La descripción que realiza “Sobre la invasión de Buenos Ayres por las armas inglesas (1806) y los reclamos de “Representación de los Hacendados (1809)”, donde propone, entre otras cosas, la liberalización del comercio y una nueva responsabilidad fiscal, y en los cuales subyace la necesidad de independizarse del gobierno de España y constituir una República, puede percibirse un temprano y fuerte involucramiento en la política de su época.
Y es claro que Moreno tenía un proyecto de país, y se puede apreciar en “Sobre las miras del Congreso (1810)” donde la redacción de una constitución y la formación de un Estado resultan como propuesta imperante. Pero ese Estado no podía darse de cualquier modo, debía seguir los principios de la igualdad, tal como lo expone en el “Prólogo al Contrato Social (1810)” y estar garantizado por la independencia del territorio, estrategia que presenta en “Plan de Operaciones (1810)”. En lo que refiere a la gestión, entiende la necesidad de publicar las acciones de gobierno, argumento que sostiene en la fundación de la “La Gaceta de Buenos Ayres (1810)”, y además propicia el compromiso de los gobernantes con los vecinos (hoy también vecinas) a través de la “Jura de la Junta Provisoria (1810)”.
Los pilares del Estado están en la más plena difusión de la educación, “Fundación de la Biblioteca de Buenos Aires (1810)”, la pluralidad del pensamiento, “Sobre la libertad de escribir (1810)” y la igualdad de todos/as “Supresión de los honores del Presidente (1811). Y sin escaparle al debate, publicamos el “Manifiesto de la Junta sobre el fusilamiento de Liniers y sus cómplices (1810)” y “El primer trofeo tomado al enemigo”, donde se pueden percibir las visiones de Mariano Moreno y la lucha emancipatoria.
Cerramos esta compilación con un breve listado bibliográfico de un caudal trabajos académicos, políticos y periodísticos existente, y que tiende a extenderse día a día al infinito, y esperamos que continúe.
Como vemos, la profundidad de los escritos de Mariano Moreno nos llevó a comprenderlo como un pionero en pensar las instituciones de la patria naciente y reconocer en él al primer politólogo argentino. Por eso, elaboramos un proyecto para declarar el 23 de Septiembre el Día Nacional del Politólogo/a, propuesta que fue apoyada por el y la ex diputado Mario Cafiero y Lilia Puig de Stubrin, y retomado por el diputado Carlos Storero, recibiendo media sanción por la Cámara de Diputados y está a punto de ser Ley, y que publicamos en ésta edición.
Quería agradecer la colaboración de todas y todos los que se participan de la iniciativa de recuperar a Mariano Moreno como inspiración para la Ciencia Política Argentina, en especial a Estefanía Otero, Adriana de Lucio, Elisa Bin, Andrea Maynard, Jorge Baletto, Nicolás Juncal, Amilcar Cervellino, Ramiro Alvarez, Daniel Mojico, Rodrigo Borges, Analia Ubieta y Lorena Andrenacci, algunos/as de los que participan o participaron de iniciativas realiazadas por la Red.
También debo agradecer los aportes realizados por Horacio Sanguinetti, Arturo Roig Hugo Biagini y Sylvia Ruiz Moreno, quienes forman parte de los escritos de ésta compilación, junto a Alfredo Palacios, que me genera un nexo personal entre el socialismo y Mariano Moreno; junto a la conferencia de Felipe Pigna que publicamos con el permiso de la Respetable
Logia Gran Reunión Americana.
Por último, quiero sumar a mis sobrinos, Martín y Nahuel, con quienes comparto la pasión por el Gremio de Porto Alegre, me inspiran a seguir trabajando por un país mejor.
Buenos Aires, equinoccio otoñal 2008
 
* Politólogo. Orientado en Estado, Administración y Políticas Públicas. UBA. Diploma Superior en Economía Brasileña. UNSAM. Maestría en Historia Económica y de las Políticas Económicas. IIHES-FCE-UBA. Doctorando en Ciencia Política. UNSAM. Profesor Titular Colegio Nacional de Buenos Aires.
 
 
 
El pensamiento de Mariano Moreno
 
 
Por Mag. Sylvia Ruiz Moreno
 
Introducción
Una ciencia joven y débilmente institucionalizada, probablemente tironeada por el vaivén de su objeto, convulsionado por las dificultades para la consolidación institucional y la recurrente represión de sus sujetos, ha sido el derrotero de los estudios de la política en la Argentina.
Si a esto agregamos la fuerte influencia de las corrientes europeas y norteamericanas, fruto de la predilección cultural de varias generaciones de intelectuales y la necesidad de completar sus estudios en el exilio de otras, es comprensible la dificultad para afirmar la identidad de nuestra ciencia política y más aún, para hallar el reconocimiento social del aporte que puede ofrecer esta disciplina a la comunidad política en la que se desarrolla.
 
Motivados por estas preocupaciones, queremos ofrecer un humilde aporte a la caracterización de los orígenes de la ciencia política argentina, que identificamos en el legado de Mariano Moreno. Nuestra hipótesis sugiere que el Secretario de la Primera Junta pudo enunciar por primera vez –en el orden político fundado en mayo de 1810- el problema de las instituciones y de los sujetos políticos en la realidad concreta de la sociedad política naciente. A partir de esta afirmación proponemos ofrecer un aporte para el reconocimiento de Mariano Moreno como primer politólogo argentino.
 
La búsqueda de los orígenes del pensamiento argentino nos conduce a la decisión primera sobre el nacimiento de nuestra patria. Una vez que establecemos el comienzo de la narración en el fragor de las luchas de los “criollos” de 1810, contra los “peninsulares” que hasta entonces basaban su supremacía en la legitimidad de la corona real, a partir de que el trono borbónico fuera usurpado por Napoleón y entregado a su hermano, podemos avanzar en la selección de sus ideas políticas.[1]
 
Así nos encontramos con la prosa desplegada por el Dr. Mariano Moreno, a través de su breve pero fecunda trayectoria política en los albores de la Revolución de Mayo. Sobre su obra, compuesta en líneas generales por sus escritos jurídicos, los decretos de la Primera Junta redactados de su pluma de Secretario, y los artículos publicados en La Gaceta de Buenos Aires, por él fundada para difundir la acción gubernativa, mucho se ha polemizado.
 
La filiación de sus ideas con los pensadores de la Ilustración o con los juristas españoles, la ambigüedad de sus conceptos vertidos en la cresta de la ola revolucionaria donde todo era incertidumbre y creación, la veracidad de su autoría en los textos que se le atribuyen, ha constituido la arena del conflicto que generan en los historiadores de las ideas, las sentencias provocadoras que Mariano Moreno fue sembrando a su paso.
 
Dejando de lado estas interesantes controversias, que deberán ser motivo de otros estudios monográficos, queremos continuar aquí la senda trazada por la historiadora Noemí Goldman, quien halló en el enfoque teórico-metodológico del análisis del discurso, una manera novedosa de encarar el estudio de los textos políticos. A diferencia de las habituales técnicas de los historiadores de las ideas, que consisten en glosar los textos políticos e insertarlos como justificación de una matriz ideológica preestablecida, la autora propone acceder a las concepciones políticas y sociales de Moreno “a través de sus propios discursos y en su propio vocabulario político.” (GOLDMAN, 1989 (a): 101)
 
Consideramos que esta perspectiva se ajusta mejor a nuestro interés politológico que los tradicionales estudios de historia de las ideas que han abordado la obra de Mariano Moreno durante más de un siglo y que por esta vía interdisciplinaria –entre ciencia política, historia y análisis del discurso- es posible iniciar un recorrido frondoso de estudios sobre las ideas políticas en la Argentina.
De modo que nuestra propuesta de trabajo consiste en realizar un estudio de campos semánticos en un corpus seleccionado de la obra de Mariano Moreno. analizando las ocurrencias de las palabras utilizadas como indicadores, según sus relaciones de equivalencia, asociación y oposición, así como las redes verbales con las que se articulan (acción de / acción sobre), siguiendo los criterios propuestos por Noemí Goldman. (GOLDMAN, 1989 (a): 103)
 
El corpus se compone de los cinco artículos publicados por Mariano Moreno en La Gaceta de Buenos Aires, entre los meses de noviembre y diciembre de 1810 sobre el Congreso Constituyente convocado por la Junta Provisoria. La elección se realizó tomando como criterio la uniformidad temática de los textos seleccionados –todos refieren al Congreso convocado- y de soporte (artículos publicados por el editor en el periódico). Los textos incluidos en el corpus[2] son:
 
o         “Sobre las miras del congreso que acaba de convocarse, y Constitución del Estado” Primer artículo. (Buenos Aires, 28 de octubre de 1810). Publicado en Gaceta de Buenos Aires n° 22, jueves 1 de noviembre de 1810.
o         “Sobre las miras del congreso que acaba de convocarse, y Constitución del Estado” Segundo artículo (Buenos Aires, 2 de noviembre de 1810). Publicado en Gaceta Extraordinaria de Buenos Aires, martes 6 de noviembre de 1810.
o         “Sobre las miras del congreso que acaba de convocarse, y Constitución del Estado” Tercer artículo. Publicado en Gaceta Extraordinaria de Buenos Aires, martes 13 de noviembre de 1810.
o         “Sobre las miras del congreso que acaba de convocarse, y Constitución del Estado” Cuarto artículo (Buenos Aires, 15 de noviembre de 1810). Publicado en Gaceta de Buenos Aires, n° 24, jueves 15 de noviembre de 1810.
o         “Sobre las miras del congreso que acaba de convocarse, y Constitución del Estado” Quinto artículo (Buenos Aires, 28 de noviembre de 1810) . Publicado en Gazeta de Buenos Aires, n° 27, jueves 6 de diciembre de 1810.
 
Para dirigir el objeto de nuestro estudio al planteo de la hipótesis, decidimos concentrarnos en el análisis del campo semántico de las palabras “Constitución” y “pueblo(s)” porque consideramos que a partir de esas expresiones presentes en el corpus podemos acceder a una lectura de la concepción  que Mariano Moreno tenía acerca de las instituciones y los sujetos políticos.
 
Antes de presentar las interpretaciones extraídas de la elaboración de los campos semánticos, dedicaremos una primera parte de este trabajo a señalar los aspectos principales de la vida de Mariano Moreno, mencionando otros elementos que nos conducen a considerarlo como el primer politólogo argentino. Formularemos además, una breve referencia al contexto de producción del corpus propuesto.
 
Consideramos que, junto al objetivo principal de nuestra monografía, que consiste en brindar argumentos a favor del carácter politológico de las ideas de Mariano Moreno, la perspectiva aquí desarrollada para el estudio de sus escritos puede contribuir a la apreciación del aporte teórico que nuestros primeros intelectuales ofrecieron para la construcción de una ciencia política a partir de la especificidad de nuestros problemas proveniente de nuestra experiencia política.
 
Trayectoria vital de un politólogo
 
Apenas 32 años de existencia le bastaron a Mariano Moreno para forjar un ideal y procurar realizarlo transformando la vida política de su tierra. Tan solo un lustro de actividad profesional le alcanzó para desempeñar aquellas tareas que hoy definen a la profesión del politólogo: asesoría política, reflexión filosófica e histórica, participación en la acción política y en el gobierno.
 
Nacido el 23 de septiembre de 1778 en Buenos Aires, Mariano Moreno cursó sus primeras letras en la Escuela del Rey y el Colegio San Carlos, donde completó los estudios superiores de teología, hacia el año 1798. Probablemente tuvo acceso allí, por vez primera, a la obra de Jean-Jacques Rousseau, que circulaba clandestinamente en el Colegio.[3]
En la Universidad de Chuquisaca cursó estudios superiores gracias a la iniciativa de un sacerdote pleitista, quien advirtió su capacidad intelectual y lo envió con cartas de recomendación a casa de su amigo, el canónigo Matías Terrazas. Aunque la idea originaria era doctorarse en Teología, el ambiente revolucionario de la casa de estudios alto peruana que era en aquel entonces la usina de las ideas de la Ilustración en el Nuevo Mundo (BIAGINI, 2000: 13.), convenció al joven porteño de abandonar la sotana por el camino del derecho.
 
Mariano Moreno se recibió de bachiller en leyes en el año 1804, con una tesis doctoral que condenaba el sometimiento de los aborígenes por parte de las autoridades españolas a través de la mita y el yanaconazgo titulada: “Disertación Jurídica sobre el servicio personal de los indios”. Este escrito tiene un interés politológico y jurídico como fundamento empírico del estado de naturaleza en las Américas, ya que “ciudadaniza” a los indios cuando sostiene su estatus originario de libertad:
 
“Al paso que el nuevo mundo ha sido por sus riquezas el objeto de la común codicia, han sido sus naturales el blanco de una general contradicción. Desde el primer descubrimiento de estas América empezó la malicia a perseguir unos hombres que no tuvieron otro delito que haber nacido en unas tierras que la naturaleza enriqueció con opulencia. Cuando su policía y natural cultura eran dignas de la admiración del mundo antiguo, no trepidó la maledicencia dudar públicamente en la capital del orbe cristiano acerca de su racionalidad; y para arruinar un delirio que parecía no necesitar más anatemas que los de la humanidad, fue necesario que fulminase sus rayos el Vaticano.
 
Si esta calumnia injurió notablemente a los habitantes de estas provincias, no fue menor la herida que recibieron con el tenaz empeño de aquellos que solicitaron despojarlos de su nativa libertad.” (MORENO, 1961: 15)
 
Según este razonamiento, fue la codicia de los europeos la que condenó a la esclavitud a los primeros habitantes del nuevo mundo. La misma codicia de aquél “a quien, tras haber cercado un terreno, se le ocurrió decir esto es mío y encontró gentes lo bastante simples para creerle...”. (ROUSSEAU, 1985 (a): 119). Así como Rousseau trazó una serie de especulaciones y deducciones para construir “el origen y fundamentos de la desigualdad”, Moreno, modestamente, inició un estudio empírico de la legislación de Indias que mantuvo la opresión de los indios en estas tierras. Pero esta investigación tiene un sentido político que se develará cuando por voluntad de la Primera Junta, se traduzcan sus decisiones a las lenguas vernáculas.
 
El paso por Chuquisaca no sólo definió las ideas de Mariano Moreno y cambió su profesión, sino que también signó su vida personal, a partir del momento en que vio el relicario con el rostro de la niña María Guadalupe Cuenca, la que sería su mujer y madre del pequeño Mariano. Con su título, la quinceañera “Mariquita” y el bebé de ambos, partió para Buenos Aires donde solicitó autorización para ejercer,  incorporándose a la nómina de abogados de la ciudad donde enseguida se distinguió por sus habilidades como defensor. Al poco tiempo fue designado Relator del Tribunal de la Audiencia y consejero del Cabildo.
 
En 1909 representó a los hacendados porteños en su reclamación contra las medidas restrictivas que imponía el monopolio, sobre los negocios de los criollos. El escrito de defensa, dirigido al virrey Baltasar Cisneros, y conocido como La representación de los hacendados, establece una decidida toma de posición a favor del libre comercio y contiene algunas definiciones reveladoras de su visión de la política y la administración pública:
 
“La política es la medicina de los estados y nunca manifiesta el magistrado más destreza en el manejo de sus funciones, que cuando corta la maligna influencia de un mal que no puede evitar, corrigiendo su influjo por una dirección inteligente que produce la energía y fomento del cuerpo político”. (MORENO, 1953:18)
 
Los acontecimientos de mayo de 1810 lo encuentran entre los ciudadanos que no se conformaron con el permiso del Virrey Cisneros para convocar al Cabildo Abierto, ni con la Junta provisoria que lo mantenía en el poder, designada el 24 de mayo. Su fama de brillante abogado y el escrito en defensa de los Hacendados fueron quizás los factores que más influyeron para que el nombre de Moreno se incluyera en la lista urdida por French y Berutti. Así se convirtió en el Secretario de la Junta provisional de gobierno proclamada el 25 de mayo de 1810.
 
Uno de sus mayores aportes a la ciencia política ha sido la difusión del Contrato Social de Jean-Jacques Rousseau[4], encargada por la Primera Junta, cuyo prólogo contiene una verdadera síntesis del valor de la difusión del conocimiento político hacia la sociedad y de la responsabilidad del intelectual en defender con sus herramientas teóricas los principios republicanos:
 
“...si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos, sin destruir la tiranía.”
 
“En tan críticas circunstancias todo ciudadano está obligado a comunicar sus luces y sus conocimientos; y el soldado que opone su pecho a las balas de los enemigos exteriores, no hace mayor servicio que el sabio que abandona su retiro y ataca con frente serena la ambición, la ignorancia, el egoísmo y demás pasiones, enemigos interiores del Estado, y tanto más terribles, cuanto ejercen una guerra oculta y logran frecuentemente de sus rivales una venganza segura.” (MORENO, 1953: 119)
 
Mariano Moreno tuvo oportunidad de cumplir esta máxima, al participar activamente en la revolución de mayo y en los primeros meses del gobierno patrio. Su pluma trazó los decretos de la Primera Junta, la redacción del primer periódico argentino, La Gaceta de Buenos Aires, creado para cumplir con el principio republicano de la publicidad de los actos de gobierno y tribuna de opinión y reflexión política para su mente inquieta, y posiblemente definió la estrategia para defender las instituciones nacientes a través del Plan de Operaciones encargado por la Junta[5].
 
Las fricciones al interior de la Junta llegaron a su punto culminante con la redacción del Decreto de Supresión de Honores, que había intentado frenar las aspiraciones virreinales de Cornelio Saavedra.  Allí sostuvo el principio de la igualdad jurídica de los ciudadanos y que su libertad se funda en la paridad con aquellos que ejercen la función pública.
 
“La libertad de los pueblos no consiste en palabras, ni debe existir en los papeles solamente. Cualquier déspota puede obligar a sus esclavos a que canten himnos a la libertad; y este cántico maquinal es muy compatible con las cadenas y opresión de los que lo entonan. Si deseamos que los pueblos sean libres, observemos religiosamente el sagrado dogma de la igualdad. ¿Si me considero igual a mis conciudadanos, por qué me he de presentar de un modo que les enseñe que son menos que yo? Mi superioridad sólo existe en el acto de ejercer la magistratura, que se me ha confiado; en las demás funciones de la sociedad soy un ciudadano, sin derecho a otras consideraciones, que las que merezca por mis virtudes.“ (MORENO, 1953: 225)
 
Sus férreas convicciones lo condujeron a la renuncia a su cargo de Secretario de la Junta, el destierro camuflado en una representación diplomática ante las cortes del Brasil y Gran Bretaña, y una prematura muerte en el mar, el 4 de marzo de 1811.
 
El acta de la reunión del 18 de diciembre glosaba su último discurso, con un dejo de esperanza cifrada en “que el pueblo empieza a pensar sobre el gobierno, aunque cometa errores que después enmendará, avergonzándose de haber correspondido mal a unos hombres que han defendido con intenciones puras sus derechos.” (MORENO, 1910: 207.)
 
“Sobre las miras del Congreso que acaba de convocarse...”
 
Si los actos políticos de Mariano Moreno y el trayecto de su obra escrita en el escaso tiempo que le tocó vivir, no resultaran para el lector argumento suficiente para acreditar el carácter politológico de su desempeño profesional, tal vez logremos persuadirlo a través del análisis que proponemos a continuación, basado en la que juzgamos como la más contundente de sus piezas políticas.
La serie de cinco artículos publicados por Moreno en la Gaceta, a la luz de las discusiones sobre el devenir del Congreso que debía establecer un gobierno definitivo que afirmara los sucesos revolucionarios de mayo,  contienen a la vez un componente teórico en el que se enuncian las ideas democráticas de Moreno y una significación política que resulta del fundamento de las decisiones de la Junta impulsadas por Moreno, que estaban resultando “molestas” a los grupos moderados.
 
En este sentido, creemos que en sus palabras se puede hallar la síntesis de lo que fue su acción en el primer gobierno patrio, según el concepto de Tulio Halperín Donghi:
 
“...Moreno ofreció a la vez una teoría y una línea política para la revolución. Una teoría basada en los principios de la democracia, tal como los había hecho suyos la Revolución Francesa (con la cual Moreno se solidarizaba por entero) y se encontraban expuestos en el Contrato Social, del que hizo publicar una traducción. Una línea política, basada en la renuncia a toda ilusión sobre la provisionalidad de los enemigos encontrados en el camino, orientada entonces hacia la lucha y dispuesta a encontrar apoyos para esa lucha utilizando las tensiones existentes en el cuerpo social; invocando contra la «tenaz y torpe oposición» de los españoles europeos la arraigada enemiga de la población nativa, intentando despertar en los indios una corriente de protesta contra la opresión secular.” (HALPERÍN DONGHI, 1993.)
 
Esa línea política lo fue distanciando de los grupos de peninsulares que habían sido inhabilitados para obtener empleos por orden de la Junta y se habían escandalizado con la ejecución de Santiago de Liniers y sus cómplices, así como el relegamiento de los milicianos –formados en las jornadas de las invasiones inglesas, de donde había surgido Cornelio Saavedra-. Dicen que la orden de Supresión de Honores  fue “la gota que rebalsó el vaso”, pero la estratagema se venía tejiendo de antemano. Y la convocatoria de la
Junta a un Congreso con representantes designados por las provincias fue el instrumento para desplazar al inquieto secretario.
 
La ambigüedad de la orden de la Junta, que en el acta capitular del 25 de mayo convocaba a los diputados a decidir “la forma de gobierno que se considere más conveniente”, pero en una circular aclaratoria del 27 de mayo disponía que se fueran incorporando a la Junta a medida que fuesen arribando a Buenos Aires, fue aprovechada por los representantes aliados del presidente de la Junta, encabezados por el deán Gregorio Funes, enviado por la provincia de Córdoba, para eludir la constituyente y desautorizar el proyecto político de Moreno y su grupo de revolucionarios. (GOLDMAN, 1989 (b): 28.)
 
En consecuencia, los escritos de Mariano Moreno Sobre las miras del Congreso que acaba de convocarse y constitución del Estado serán un anatema contra el plan que finalmente se llevará a cabo en aquella sesión del 18 de diciembre y también, una lección de teoría política rousseauniana aplicada a la realidad de estas tierras.
 
Afirma Ricardo Levene que “las palabras Revolución, Democracia y Constitución fueron escritas y definidas conceptuosamente por Mariano Moreno en 1810.” (LEVENE, 1948: 25) Tras esas definiciones citadas y glosadas por numerosos historiadores, podemos detectar las huellas de un discurso vivo. La palabra que fue acción política cuyas consecuencias forjaron los primeros pasos de la historia argentina post hispánica.
 
Definimos discurso como lenguaje en uso o interacción verbal, lo que implica a su vez una comunicación de creencias y una interacción social.(VAN DIJK, 1996: 23.) En estos términos, nos interesa hallar a través de las marcas dejadas en el texto, los rastros de la interacción social que supuso la publicación de los artículos en La Gaceta –en este caso limitada a un análisis en producción, para acotar los límites de nuestro trabajo y concentrarnos sólo en el corpus propuesto-.
 
Desde esta perspectiva, la producción del discurso de Moreno sobre la Constitución y el pueblo –los términos a los que nos remitiremos en este trabajo- será entendida no sólo en el contexto de las relaciones sociales que lo rodean, sino que en sí mismo este discurso constituye una acción social. (VAN DIJK, 1997, 21.)
 
La técnica utilizada para iniciar la exploración de estos discursos será el análisis de campos semánticos, siguiendo la propuesta de Noemí Goldman,
 
“el estudio del campo semántico de una noción permite definir su(s) sentido(s) por la determinación de las constelaciones semánticas que ella organiza. El sentido de una palabra en sus múltiples empleos se definirá así a través del estudio de las palabras a las cuales ella se opone y a las cuales ella se asocia (identidades equivalentes; de las que indican su manera de ser (los adjetivos) y finalmente de la red verbal (la acción de, la acción sobre) en la cual la noción estudiada se encuentra encerrada.” (GOLDMAN, 1989 (a): 103)
 
Optamos por trabajar los campos semánticos de las expresiones “constitución” y “pueblo(s)” porque de acuerdo a nuestra hipótesis, conforman los términos paradigmáticos de la interacción entre instituciones y sujetos sociales en el discurso político que analizamos.
 
El problema de la legitimidad del cuerpo político
 
La palabra “constitución” registra 39 ocurrencias en el corpus, mientras que las expresiones “pueblo” y “pueblos” reconocen 116 menciones, pero lo que nos interesa de las ocurrencias halladas, no es simplemente la presencia del concepto, sino su funcionamiento en el discurso político que subyace al corpus y con ese criterio analizamos las relaciones semánticas de “constitución”. En principio, observaremos el par de relaciones de equivalencia y oposición, luego la red verbal “acción de”, calificación y oposición –calificación negativa-, y finalmente el conjunto de relaciones de asociación, “acción sobre” y oposición. En todos los casos, la relación de oposición es la que prevalece dado el carácter eminentemente polémico del discurso político, que construye su adversario. (VERÓN, 1987: 16)
 
La primera de las formas de equivalencia que debemos señalar es la equivalencia de la palabra consigo misma, esto es, su carácter polisémico en tanto cuerpo de leyes fundamentales o en cuanto conformación de un orden. Podemos decir que son muy pocos los casos –apenas cuatro ocurrencias- en los que esa segunda posibilidad puede interpretarse.
 
Esto sucede, a manera de ejemplo, en : “esas convenciones, de que deben los pueblos derivar su nacimiento y constitución.” (MORENO, 1953: 232.)
 
En los 35 casos restantes, esa acepción resulta desambiguada por el contexto, como lo hace unas pocas líneas más abajo en: “la constitución que publiquen nuestros representantes”. (MORENO, 1953: 232).
 
Sin intención de agotar al lector con enunciación exhaustiva de los 39 casos, queremos establecer que de acuerdo a nuestro registro, la frecuencia del uso de “constitución” como cuerpo de leyes nos permite establecer que cuando Moreno utiliza el término está hablando de sancionar una constitución, así como los franceses y los norteamericanos lo hicieron en su oportunidad. Tal vez por las afirmaciones vertidas en estos artículos, ha sido considerado como “uno de los primeros constitucionalistas argentinos. (EGÜES, 2000: 152.)
 
Sin embargo el problema no se termina aquí sino que vuelve a surgir en la estrecha relación que se plantea entre “constitución” y “pacto social”, que aparece nueve veces en el texto y cuya conceptualización sigue puntillosamente los términos de Jean-Jacques Rousseau:
 
“...como los hombres no pueden engendrar nuevas fuerzas, sino unir y dirigir solamente las que existen, no tienen otro medio para conservarse que el de formar, por agregación, una suma de fuerzas capaz de superar la resistencia, ponerlas en juego con un solo fin y hacerles obrar de mutuo acuerdo.” (ROUSSEAU, 1985 (b): 40-41.)
 
Este pasaje del Contrato Social se nos representa inmediatamente cuando leemos la inquietud que Moreno formula sobre la manera de ejecutar el pacto:
 
“¿Quién de nosotros ha sondeado bastantemente el corazón humano para manejar con destreza las pasiones, ponerlas en guerra unas con otras, paralizar su acción, y dejar el campo abierto para que las virtudes operen libremente?”. (MORENO, 1953: 245.)
 
La cuestión es que de no utiliza la palabra “constitución” en el sentido de formación de la comunidad política, sino que, inversamente, la sanción del cuerpo de leyes es asimilada al “pacto social” constitutivo de la sociedad: “...y respetar en la nueva constitución que se le prefije, el verdadero pacto social...” (MORENO, 1953: 257.) Este sentido fundacional y fundamental en todas sus dimensiones de la constitución es tributario de la Revolución Francesa.
 
Ahora bien, el juego entre “constitución” y “pacto social” se puede apreciar desde otro ángulo cuando incorporamos la relación de oposición. Una de las formas que adquiere la oposición remite al orden político y jurídico previo a la Revolución de mayo, como puede advertirse en estos sintagmas:
 
“fuerza y dominación” (MORENO, 1953: 232.)
“las formas absolutas incluyen defectos gravísimos” (MORENO, 1953: 244.)
“el despotismo de muchos siglos” (MORENO, 1953: 247.),
“estas leyes de Indias dictadas para neófitos” (MORENO, 1953: 240),
 
Se trata en todos los casos de referencias al régimen colonial y que tienen como denominador común la ausencia del pacto social.
De hecho, si bien Moreno cuida las formas y las relaciones con la antigua metrópoli –y posiblemente también con los ingleses que tenían un pacto con la corona Española- concluye que los españoles sí pactaron para elegir su gobierno y “establecieron la Monarquía” (MORENO, 1953: 266) sobre todo teniendo en cuenta que Fernando VII surgió como sucesor de Carlos IV como producto del Motín de Aranjuez y no pudo ser coronado por la decisión napoleónica de coronar al hermano, José Bonaparte.
 
Sin embargo, nada esto afecta a las Américas porque “éste [Fernando] no tiene derecho alguno porque hasta ahora no se ha celebrado con él ningún pacto social”. (MORENO, 1953: 258-259.) Y no sólo con Fernando, sino con ningún monarca español:
 
“Las Américas no se ven unidas a los monarcas españoles por el pacto social, que únicamente puede sostener la legitimidad y decoro de una dominación.” (MORENO, 1953: 265-266.)
 
Coincidimos con las apreciaciones de Carlos Egües respecto de las consecuencias de esta equivalencia de términos que analizamos:
“La identificación del acto constituyente con un nuevo pacto social incuba inocultables consecuencias revolucionarias: implica una ruptura completa con el pasado político y la consagración del momento fundacional de un nuevo Estado independiente”. (EGÜES, 2000: 161.)
 
Así como América no ha sancionado su propia constitución, no ha formulado su correspondiente pacto social, ergo la organización política y jurídica previa es ilegítima. Esa ilegitimidad es la base sobre la cual se monta la legitimidad de la convocatoria a un congreso constituyente.
 
El problema de la legitimidad que reviste la convocatoria a sancionar la constitución no puede comprenderse, en la lógica del discurso que estamos analizando, en forma aislada del sujeto del pacto social. Asombra la precisión con que se refiere Moreno a la expresión “pueblo(s)” –en este corpus el uso de plural o singular es indiferente en cuanto a la distinción semántica-. Actúa como equivalente de “ciudadano” en relación dialógica con sus representantes políticos –sobre la que nos detendremos más adelante-: “Que el ciudadano obedezca respetuosamente a los magistrados” (MORENO, 1953: 243.)
 
Sin embargo, la primera oposición que nos llama la atención es la que se opera entre “los pueblos de España” y “los pueblos de América”,  o también “habitantes de la América” (MORENO, 1953: 236) que adquieren una entidad propia, que según esta línea conceptual, siempre tuvieron “por naturaleza” a pesar del sometimiento infligido por la metrópoli.
 
Eso sí, diferentes pueblos por origen, deben ser igualados en sus derechos, como lo predica el jusnaturalismo. Entonces, el antecedente del Motín de Aranjuez contra Carlos IV resulta  conveniente para justificar la Revolución de mayo: “Un tributo forzado a la decencia hizo decir que los pueblos de América eran iguales a los de España” (MORENO, 1953: 250.)
 
De este modo, la legitimidad de los actos políticos derivados de la Revolución descansa en la aceptación de la existencia de  “pueblos de América” que son previos al acto revolucionario –porque de otra forma no podrían producirlo- y porque “un pueblo es pueblo, antes de darse a un rey” (MORENO, 1953: 247.)
 
El acto de la constitución y el pueblo como sujeto
 
La sanción de una constitución supone “reglar el estado político de estas provincias” (MORENO, 1953: 230.) lo cual no ha de ser una tarea fácil ya que deben ser “leyes calculadas sobre los principios físicos y morales que deben influir en su establecimiento [del estado]” (MORENO, 1953: 238).  Por este acto se conseguirá nada menos que la “felicidad” (MORENO, 1953: 230) y la “prosperidad nacional” (MORENO, 1953: 231.) Es por eso que Moreno define a la ciencia política como “la sublime ciencia que trata del bien de las naciones” (MORENO, 1953: 238.)
 
Así el campo de las calificaciones de la “constitución” está sembrado de “felicidad”, “bien”, “prosperidad” y del respeto de las naciones extranjeras (MORENO, 1953: 238-239). La otra cara de la moneda es lo que sobreviene a la ausencia de la constitución:
“ruina de estas inmensas regiones” (MORENO, 1953: 230.)
“cadena de males que nos afligirán perpetuamente” (MORENO, 1953: 231)
“sin ella [la constitución] es quimérica la felicidad que se nos promete” (MORENO, 1953: 241.)
 
Decía Norberto Piñero que “Moreno pensaba que la organización y la constitución del estado eran el problema vital y grande por excelencia, en el que se refundían todos los demás problemas que el movimiento revolucionario había planteado. Tenía razón”. (PIÑERO, 1938: 72.) Sin embargo, como el mismo autor lo reconoce, no era el Secretario de la Junta un teórico de sociedades abstractas, sino que su pensamiento se fundaba en un profundo conocimiento de las leyes y la realidad de su época y su lugar.
 
El sujeto de la acción de “reglar el estado político”, abre nuevamente el problema que habíamos dejado más arriba sobre la relación entre constitución y pacto social. Cuando confrontamos la palabra “pueblo(s)” como sujeto activo de la creación de su gobierno y de las reglas que lo modelarán, surge la tensión con otro término de oposición: el “gobierno” y “los ilustres ciudadanos que han de conformarla [la asamblea constituyente]”. (MORENO, 1953: 230.) En definitiva, los diputados serán los que deban legislar, pero como ejecutores de la voluntad general. Señala Annah Arendt que “es obvia la diferencia existente entre la constitución que es resultado de un acto de gobierno y la constitución mediante la cual el pueblo constituye un gobierno. (ARENDT, 1992: 148.) Sin embargo, de acuerdo a la autora, la confusión producto de la polisemia del concepto de constitución recorre las instancias de la Revolución Francesa.
 
El asunto desemboca nada menos que en el problema de la representación, que la pluma de Moreno alcanza a rozar y que constituye una de sus mayores preocupaciones. Veamos los sintagmas que representan las acciones de los pueblos:
 
“Esta asamblea respetable, formada por votos de todos los pueblos...” (MORENO, 1953, 230.)
“... es conveniente que [los pueblos] aprendan por sí mismos lo que es debido a sus intereses y derechos” (MORENO, 1953: 233.)
“él [el pueblo] debe aspirar a que [sus jefes] nunca puedan obrar mal” (MORENO, 1953: 236.)
“...de elegir una cabeza que los rigiese [a los pueblos], o regirse a sí mismos, según las diversas formas con que puede constituirse íntegramente el cuerpo moral”. (MORENO, 1953: 247).
 
Vemos que la acción de “los pueblos” de ninguna manera se limita a la designación de sus representantes, sino que el destino del gobierno y de la constitución está cifrado en la participación activa e informada de los ciudadanos, controlando los actos de sus representantes, para hacer valer su voluntad. De esta manera el pacto se materializará en las reglas institucionales.
 
La oposición a esta acción del pueblo está dada, en principio, por la imposición a que los someta una mala decisión de los representantes, que provocará “el odio” de sus representados (MORENO, 1953: 230.), pero también por las creencias moldeadas por la opresión peninsular que arrastran desde hace siglos:
 
“...y en una carrera enteramente nueva cada paso es un precipicio para hombres que en trescientos años no han disfrutado otro bien que la quieta molicie de una esclavitud, que aunque pesada, había extinguido hasta el deseo de romper sus cadenas.” (MORENO, 1953: 237.)
 
La acción discursiva en la Revolución
 
Señalamos por un lado la tensión teórica subyacente a la relación entre revolución y establecimiento de un orden que sigue la línea trazada por la paradoja de Rousseau: “Pocos se han enfrentado con la sociedad de modo tan profundo como Rousseau; menos aún se han referido con tanto vigor a la necesidad de comunidad.” (WOLIN, 1960: 395.) Pero esto no debe distraernos de la tensión política que generaban las apreciaciones de Moreno contra el régimen hispánico. Las reacciones desatadas por aquella “inocente” disertación teórica sobre la ausencia de pacto social y la necesidad de retrotraerse a un estado de naturaleza, puede descubrirse a través del análisis de la cadena verbal de acciones sobre la constitución y una nueva dimensión de oposiciones.
 
En efecto, cuando la expresión “constitución” se articula como objeto de la acción, lo hace en función del Congreso que la va a sancionar: “¿Por qué medios conseguirá el Congreso la felicidad que nos hemos propuesto en su convocación?” (MORENO, 1953: 238.) Vemos en este caso que la “felicidad” aparece como un calificativo intercambiable con “constitución”. Y se pregunta: “¿Pero tocará al Congreso su formación?” (MORENO, 1953: 241.) Entonces se plantea el problema en los términos de si el Congreso sancionará una constitución o no y las consecuencias de esta última acción.
 
Las virtudes del pueblo se asocian a los atributos que posibilitarán una constitución “feliz y duradera”: “la firmeza, la integridad, el amor a la patria” (MORENO, 1953: 230.), “la suavidad de nuestras costumbres” (MORENO, 1953: 232.). Incluso llega a afirmar que “nada hay que pueda perturbar la libertad y el sosiego de los electores” (Ibídem).
 
Salvo la sombra de la esclavitud pasada, todo conduce a creer que el pueblo manifiesta su voluntad libremente y en forma acertada para producir la “felicidad” buscada. Pero la realidad de las discusiones de la Junta impone una lectura menos optimista, que se manifiesta agudizando las diferencias entre el pueblo y sus representantes, cuando éstos tuercen el rumbo trazado por sus electores. Y eso acontecería si se tomara la decisión de eludir la constituyente. Está claro que el desarrollo teórico propuesto por Moreno está atravesado por este problema que impone la coyuntura política.
 
Entonces, todos los calificativos negativos se concentrarán en la eventualidad de que el Congreso no culmine en la sanción de una constitución:
 
“Pero si el congreso se redujese al único empeño de elegir personas que subrogasen el gobierno antiguo, habría puesto un término muy estrecho a las esperanzas que justamente se han formado de su convocación.” (MORENO, 1953: 254.)
 
Esta definición repetida en reiteradas ocasiones en el corpus, nos muestra la acción producida por el discurso en todo su esplendor. Aquí el debate filosófico deja paso a la polémica abierta con los diputados que pronto llegarían a Buenos Aires, pero también con los miembros moderados de la Junta. En esta instancia la oposición a “constitución” será la “incorporación a la junta” y la oposición a “pueblo”, los “representantes” que dejen trunca la obra que deben realizar.
 
Como el conflicto se dirimió a través de la incorporación de los nueve diputados de las provincias llegados a Buenos Aires a mediados de diciembre –luego de la publicación del último artículo- el enfrentamiento se inscribió como el origen de las disidencias entre la ciudad portuaria y las provincias. Así lo definía José Luis Romero:
 
“La Revolución de Mayo exaltó el sentimiento patriótico; pero mientras Buenos Aires preconizaba una concepción nacional de la patria, los grupos del interior manifestaron una marcada indiferencia por esa abstracción que constituía, a sus ojos, la nación todavía indeterminada, y sobrestimaron, en cambio, su pequeña patria, que penetraba por sus sentidos y a la que estaban unidos por la existencia cotidiana.” (ROMERO, 1987: 71.)
 
Sin embargo la mayoría de los miembros de la Junta –que eran porteños- votó la incorporación de las provincias y el asunto no era entonces la preponderancia de Buenos Aires sino la decisión de establecer un gobierno y un régimen político definitivo. Así se manifiesta en nuestro discurso, aunque instalando el hecho de que hay una oposición entre “el pueblo de Buenos Aires” y los otros pueblos: “este pueblo, siempre grande, siempre generoso, siempre justo en sus resoluciones, no quiso usurpar a la más pequeña aldea la parte que debía tener en la erección del nuevo gobierno”. (MORENO, 1953: 252).
 
El discurso se convierte así en la acción defensiva de la proyectada constituyente, que deberá esperar a 1853 para hallar su concreción. Será, junto con la orden de Supresión de Honores, la última trinchera de un proyecto político y de una teoría política que pareció fenecer en aquella jornada de diciembre. Sin embargo, la primera compilación de la palabra escrita de Mariano Moreno, elaborada por su hermano Manuel, revivirá el discurso y lo pondrá nuevamente en acción ante una nueva fase de la política revolucionaria. Las sucesivas generaciones que irán jalonando la organización de la Argentina, reproducirán ese discurso y lo reformularán de acuerdo a su época y a sus particulares ideas. Así el proyecto y la teoría que lo sustenta continuarán brillando como la llama eterna de la libertad.
 
Conclusiones: por qué fue el primer politólogo
 
Si una vida joven dedicada al estudio de una disciplina que veneraba al punto de definirla como “la sublime ciencia que trata de las naciones” y entregada a la tarea revolucionaria de materializar la concreción de aquello que fue su objeto de estudio desde su niñez en el Colegio de San Carlos, no fuera suficiente argumento para caracterizarlo como primer politólogo, vamos a la teoría. Eso sí, nada de discusiones sobre el primero o el segundo. Tomando como punto de partida la Revolución de Mayo podemos llegar a un acuerdo en ese punto.
 
El tema es si su “teoría” y su “proyecto” tienen el vigor suficiente para ungirlo como primer politólogo o no. Afirmamos que la fortaleza de esa teoría está en la capacidad para enunciar el problema institucional en articulación con el problema de los sujetos sociales que deben sostener dichas instituciones, que se convierten en acción política a través de las órdenes de la Junta y del impulso del grupo moreneano para sostener las ideas democráticas de la Revolución.
 
En el cuerpo principal de este trabajo buscamos algunos elementos que contribuyen a sustentar esta hipótesis, a través de la interpretación de los campos semánticos de “constitución” y “pueblo(s)” en el corpus de textos de La Gaceta de Buenos Aires. De ese análisis extraemos las siguientes conclusiones:
 
v       El problema de las instituciones se plantea desde la perspectiva del origen del gobierno legítimo fundada en el derecho natural y el establecimiento autónomo del pacto social.
v       La identificación entre pacto social y constitución se resuelve fortaleciendo el significado del acto legislativo como el verdadero pacto que producirá la felicidad general.
v       Se afirma la importancia decisiva de que el Congreso convocado establezca una constitución.
v       El problema de los sujetos reconoce la distinción entre “el pueblo de las Américas” que preexiste al pacto –y nunca pactó con los reyes españoles- y “el pueblo de España” –que sí pactó el establecimiento de una monarquía.

 

Día Nacional del Politólogo

 Día Nacional del Politólogo/a

Proyecto presentado al Diputado Jorge Rivas

El Senado y Cámara de Diputados,...

Artículo 1°: Instituyese la fecha 23 de septiembre como "Día Nacional del Politólogo/a", en memoria del Dr. Mariano Moreno, nacido en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778, considerado dentro de los fundadores de nuestra nacionalidad y quién se dedicó a reflexionar acerca de la política, disciplina que llamó “el arte que trata del bien de las naciones”, hoy conocida como Ciencia Política.

Artículo 2°: La fecha mencionada queda incorporada al calendario de actos y conmemoraciones oficiales de la Nación.

 

Fundamentos

En el marco del Bicentenario de la Revolución de Mayo, este proyecto tiene por objeto establecer el 23 de septiembre como Día Nacional del Politólogo/a en memoria del Dr. Mariano Moreno, nacido en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778, considerado dentro de los fundadores de nuestra nacionalidad y quién se dedicó a reflexionar acerca de la política, disciplina que llamó “el arte que trata del bien de las naciones”, hoy conocida como Ciencia Política.

Impulsada por la Asociación Civil Mariano Moreno (www.asociacionmoreno.org.ar), esta propuesta fue presentada oportunamente por el y la diputado/a nacionales Mario Cafiero y Lilia Puig de Stubrin, bajo el Expte. Nº 1885, el cuál perdió estado parlamentario en 2005. Posteriormente, la iniciativa se presentó en 2006 por los diputados Hugo Storero, Oscar R. Aguad y Fernando G. Chironi, bajo el Expte. Nº 6.086.

En esta oportunidad, su tratamiento tuvo mayor curso, alcanzó Dictamen de la Comisión de Legislación General, con el apoyo de los/as diputados/as: Ana M. C. Monayar. – Alberto J. Beccani.– Juan J. Alvarez. – Pedro J. Azcoiti. – María A. Carmona. – Luis F. Cigogna. – Francisco J. Delich. – Eva García de Moreno. – Graciela B. Gutiérrez. – Griselda N. Herrera. – Miguel A. Iturrieta. – Jorge A. Landau. – Héctor P. Recalde. – Laura J. Sesma. – Raúl P.Solanas. – Gladys B. Soto. – Pablo G.Tonelli; y la disidencia total de la Diputada Carrio, quién no se opuso a la propuesta en sí, sino a tratar el tipo de Ley en General.

Posteriormente, el proyecto recibe media sanción el día 28/03/2007, con la aprobación de 80 diputados/as de 140 presente, con 39 negativas y 17 abstenciones. Teniendo sólo la objeción de la diputada Marcela Rodríguez, con el mismo argumento de su compañera de bloque Elisa Carrio.

Ingresa a la Cámara de Senadores con el Nº de Expediente 15/07 y recibe Dictamen de la Comisión de Educación y Cultura con el apoyo de las/los Senadores: Blanca I. Osuna.- Silvia E. Giusti.- Nanci M. A. Parrilli.- María C.Perceval.- Hilda B. González de Duhalde.- Daniel F. Filmus.- Selva J. Forstmann.- Samuel M. Cabanchik.- ; Ingresa en Orden del Día de Senadores con el Nº 567/08 y pierde estado parlamentario el día 25/3/09.

Queremos retomar la propuesta con este Proyecto que se suma al reconocimiento del Dr. Mariano Moreno como uno de los precursores del pensamiento político argentino. Tal como lo señalan trabajos recientes, como el publicado por la Asociación Civil Mariano Moreno, en la compilación de Ricardo Romero, quien hace un recorrido histórico sobre la producción teórica de Moreno, que va desde su defensa de los derechos de los indios hasta su renuncia a los honores y el retiro del gobierno.

A veces se atribuye a Moreno una corta vida política, sin embargo, si vemos su “Disertación Jurídica. Sobre el servicio personal de los indios en general (1802)” podemos afirmar sobre su compromiso político desde su formación en la Universidad de Chuquisaca. La descripción que realiza “Sobre la invasión de Buenos Ayres por las armas inglesas (1806) y los reclamos de “Representación de los Hacendados (1809)”, donde propone, entre otras cosas, la liberalización del comercio y una nueva responsabilidad fiscal, y en los cuales subyace la necesidad de independizarse del gobierno de España y constituir una República, puede percibirse un temprano y fuerte involucramiento en la política de su época.

Y es claro que Moreno tenía un proyecto de país, y se puede apreciar en “Sobre las miras del Congreso (1810)” donde la redacción de una constitución y la formación de un Estado resultan como propuesta imperante. Pero ese Estado no podía darse de cualquier modo, debía seguir los principios de la igualdad, tal como lo expone en el “Prólogo al Contrato Social (1810)” y estar garantizado por la independencia del territorio, estrategia que presenta en “Plan de Operaciones (1810)”. En lo que refiere a la gestión, entiende la necesidad de publicar las acciones de gobierno, argumento que sostiene en la fundación de la “ La Gaceta de Buenos Ayres (1810)”, y además propicia el compromiso de los gobernantes con los vecinos (hoy también vecinas) a través de la “Jura de la Junta Provisoria (1810)”.

Los pilares del Estado están en la más plena difusión de la educación, “Fundación de la Biblioteca de Buenos Aires (1810)”, la pluralidad del pensamiento, “Sobre la libertad de escribir (1810)” y la igualdad de todos/as “Supresión de los honores del Presidente (1811). Y sin escaparle al debate, publicamos el “Manifiesto de la Junta sobre el fusilamiento de Liniers y sus cómplices (1810)” y “El primer trofeo tomado al enemigo”, donde se pueden percibir las visiones de Mariano Moreno y la lucha emancipatoria.

A estas conclusiones arriba también Felipe Pigna en una compilación suya, que contiene algunos de los textos fundamentales de Mariano Moreno, y que inaugura la Biblioteca Emecé Bicentenario, en la selección de los materiales y los estudios preliminares, y éste conjunto de textos clave de la historia argentina que, en algunos casos, se hallaban agotados hacía décadas, Pigna afirma: “la labor de Mariano Moreno llevó su tiempo, su esfuerzo, y es cierto que quedó parcialmente frustrada o inconclusa; sin embargo, su memoria y su obra, tanto literaria como política, mantienen una vigencia extraordinaria, como podrá apreciarse en estas páginas. El poder de turno, que no dudó en calificar a Moreno de "subversivo", estaba en manos de "versivos" muy por debajo del pensamiento de los supuestos "sub", como el propio autor del Plan revolucionario de operaciones..”.

La producción de Moreno es el comienzo de un largo derrotero del comienzo de la sublime ciencia que trata del bien de las naciones hasta la formación de la Ciencia Política en Argentina, tal como muestra el Proyecto de los Diputados/as Storero, Aguad y Chironi y se suma a las visiones del Pensamiento Argentino, como comenta el Proyecto del Diputado Cafiero y la Diputada Stubrin, a los que le sumaria los aportes socialistas de Alfredo Palacios, Juan B. Justo, Silvio Frondizi, Alicia Moreau, entre otros/as.

A su vez, debo comentar que el Proyecto a lo largo del tratamiento parlamentario recibió el apoyo de diferentes personalidades de la Ciencia Política, como Arturo Fernández, Atilio Borón, Luis Tonelli, Tomás Varnagy, entre otros/as. Y especialmente cabe destacar la adhesión que recibió de la Sociedad Argentina de Análisis Político en la Comisión de Educación y Cultura. Al respecto, afirma su actual Presidente Dr. Miguel De Luca: “el proyecto reafirma la importancia del estudio científico de la política y cómo el aporte de los/as politólogos/as puede contribuir a mejorar las formas de hacer política en la Argentina”.

Como se puede apreciar, la pluralidad de quienes apoyaron la iniciativa le hacen merecedor de su tratamiento y aprobación, teniendo presente que la figura de Mariano Moreno fue una de las recuperadas en el Discurso Presidencial en el marco del Bicentenario de la Revolución de Mayo y sería una fuente de inspiración de futuros politólogos/as en Argentina.

Por lo expuesto, solicito la aprobación del mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 


ANEXO Trámite Parlamentario

EXPEDIENTE NUMERO 15/07 Senadores // Diputados 6086/06

 

Tramite Legislativo del Expediente

 

Fechas en Mesa de Entrada

MESA DE ENTRADA

DADO CUENTA

Nº DE D.A.E.

30/03/2007

11/04/2007

30

30/03/2007

SIN FECHA

Sin asignar

Fechas en Direccion Comisiones

DIR. COMISIONES

INGRESO DEL DICTAMEN

10/04/2007

15/11/2007

SIN FECHA

25/08/2008

Giros del Expediente a Comisiones

EDUCACIÓN, CULTURA, CIENCIA Y TECNOLOGIA
ORDEN DE GIRO: 1

FECHA DE INGRESO:  07/02/0008

FECHA DE EGRESO:  12/03/2008

EDUCACIÓN, CULTURA, CIENCIA Y TECNOLOGIA
ORDEN DE GIRO: 1

FECHA DE INGRESO:  10/04/2007

FECHA DE EGRESO:  15/11/2007

DE EDUCACIÓN Y CULTURA
ORDEN DE GIRO: 1

FECHA DE INGRESO:  13/03/2008

FECHA DE EGRESO:  25/08/2008

EL EXPEDIENTE CADUCO EL DIA 28/02/2009

Ordenes del Día

NUMERO

DE FECHA

ESTADO

ANEXO

1011/07

20/11/2007

RB

Sin Anexo

567/08

27/08/2008

AR

Sin Anexo

OBSERVACIONES

PASA AL ARCHIVO POR ISP 19/09 (EXP.QUE CADUCARON CON OD.PENDIENTE).

ENVIADO AL ARCHIVO

25/03/2009


Día Nacional del Politólogo

 Proyecto Diputado Storero

El Senado y Cámara de Diputados,...

Artículo 1°: Institúyese la fecha 23 de septiembre como "Día Nacional del Politólogo", en memoria del Dr. Mariano Moreno, nacido en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778, considerado dentro de los fundadores de nuestra nacionalidad el primer hombre que reflexiona acerca de la actividad política.

Artículo 2°: La fecha mencionada queda incorporada al calendario de actos y conmemoraciones oficiales de la Nación.

Fundamentos

Señor presidente:

La iniciativa de instituir el 23 de septiembre como "Día Nacional del Politólogo" fue presentada en el año 2003 por los entonces diputados nacionales Mario Cafiero y Lilia Puig de Stubrin, bajo el Expte. N° 1885. El mismo ha perdido su estado parlamentario, motivo por el cual se presenta nuevamente, pero en este caso como proyecto de ley.

Este proyecto tiene por objeto establecer el 23 de septiembre como Día Nacional del Politólogo en memoria del Dr. Mariano Moreno, nacido en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778, considerado dentro de los fundadores de nuestra nacionalidad el primer hombre que reflexiona acerca de la actividad política.

Los primeros pensadores

Desde los orígenes de la Argentina, la reflexión política -tal la materia y actividad del politólogo- ha estado íntimamente vinculada a la experiencia que forjaron nuestras instituciones.

Desde los primeros artículos periodísticos y ensayos publicados por nuestros Libertadores, como las obras de Mariano Moreno cuyo carácter fundacional reivindicamos, o las "Instrucciones del Año XIII a los Diputados de la Banda Oriental" de José Gervasio Artigas, que inauguran la tradición teórica federal rioplatense, aparecen elementos de análisis político que acompañan al proyecto de Independencia de los pueblos hispanoamericanos. Pero será la siguiente generación, nacida con la Patria, la que constituirá el primer esfuerzo colectivo de reflexión y praxis política.

En el año 1837 Esteban Echeverría constituyó la Asociación de la Joven Generación Argentina, con el objeto de recuperar los ideales de Mayo de 1810, de la que participaron Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi, Bartolomé Mitre, Juan María Gutiérrez y Vicente Fidel López, entre otros. El Dogma Socialista de Echeverría fue su manifiesto intelectual. De allí surgió la construcción teórica que cimentó la organización nacional a partir de la Constitución de 1853.

La generación siguiente es la de los intelectuales formados en los colegios y universidades nacionales durante los años de formación del Estado Argentino. De todos ellos, se destacan los directores de las dos grandes publicaciones periódicas de la transición de los siglos XIX al XX: la Revista Argentina de Derecho, Historia y Letras, creada en 1898 por Estanislao Zeballos, y la publicación que ya en su nombre lleva la referencia a la nueva disciplina: la Revista Argentina de Ciencias Políticas, editada desde 1910 por Rodolfo Rivarola. En sus páginas se reúnen trabajos de análisis político y social de los más destacados intelectuales de Argentina y América Latina.

Mariano Moreno: el primer politólogo

Mariano Moreno fue uno de los protagonistas de la lucha por la emancipación, que puso su formación intelectual al servicio de la revolución, participando de la Primera Junta y reflexionando sobre la transformación política en las páginas del periódico " La Gaceta".

Apenas 32 años de existencia le bastaron a Mariano Moreno para forjar un ideal y procurar realizarlo transformando la vida política de su tierra. Tan solo un lustro de actividad profesional le alcanzó para desempeñar aquellas tareas que hoy definen a la profesión del politólogo: asesoría política, reflexión filosófica e histórica, participación en la acción política y en el gobierno.

Nacido el 23 de septiembre de 1778 en Buenos Aires, Mariano Moreno cursó sus primeras letras en la Escuela del Rey y el Colegio San Carlos, donde completó los estudios superiores de teología, hacia el año 1798. Probablemente tuvo acceso allí, por vez primera, a la obra de Jean-Jacques Rousseau, que circulaba clandestinamente en el Colegio.

En la Universidad de Chuquisaca cursó estudios superiores gracias a la iniciativa de un sacerdote pleitista, quien advirtió su capacidad intelectual y lo envió con cartas de recomendación a casa de su amigo, el canónigo Matías Terrazas. Aunque la idea originaria era doctorarse en Teología, el ambiente revolucionario de la casa de estudios alto peruana que era en aquel entonces la usina de las ideas de la Ilustración en el Nuevo Mundo, convenció al joven porteño de abandonar la sotana por el camino del derecho.

Mariano Moreno se recibió de bachiller en leyes en el año 1804, con una tesis doctoral que condenaba el sometimiento de los aborígenes por parte de las autoridades españolas a través de la mita y el yanaconazgo titulada: "Disertación Jurídica sobre el servicio personal de los indios". Este escrito tiene un interés politológico y jurídico como fundamento empírico del estado de naturaleza en las Américas, ya que "ciudadaniza" a los indios cuando sostiene su estatus originario de libertad.

El paso por Chuquisaca no sólo definió las ideas de Mariano Moreno y cambió su profesión, sino que también signó su vida personal, a partir del momento en que vio el relicario con el rostro de la niña María Guadalupe Cuenca, la que sería su mujer y madre del pequeño Mariano. Con su título, la quinceañera "Mariquita" y el bebé de ambos, partió para Buenos Aires donde solicitó autorización para ejercer, incorporándose a la nómina de abogados de la ciudad donde enseguida se distinguió por sus habilidades como defensor. Al poco tiempo fue designado Relator del Tribunal de la Audiencia y consejero del Cabildo.

En 1909 representó a los hacendados porteños en su reclamación contra las medidas restrictivas que imponía el monopolio, sobre los negocios de los criollos. El escrito de defensa, dirigido al virrey Baltasar Cisneros, y conocido como La representación de los hacendados, establece una decidida toma de posición a favor del libre comercio y contiene algunas definiciones reveladoras de su visión de la política y la administración pública: "La política es la medicina de los estados y nunca manifiesta el magistrado más destreza en el manejo de sus funciones, que cuando corta la maligna influencia de un mal que no puede evitar, corrigiendo su influjo por una dirección inteligente que produce la energía y fomento del cuerpo político".

Los acontecimientos de mayo de 1810 lo encuentran entre los ciudadanos que no se conformaron con el permiso del Virrey Cisneros para convocar al Cabildo Abierto, ni con la Junta provisoria que lo mantenía en el poder, designada el 24 de mayo. Su fama de brillante abogado y el escrito en defensa de los Hacendados fueron quizás los factores que más influyeron para que el nombre de Moreno se incluyera en la lista urdida por French y Berutti. Así se convirtió en el Secretario de la Junta provisional de gobierno proclamada el 25 de mayo de 1810.

Uno de sus mayores aportes a la ciencia política ha sido la difusión del Contrato Social de Jean-Jacques Rousseau, encargada por la Primera Junta, cuyo prólogo contiene una verdadera síntesis del valor de la difusión del conocimiento político hacia la sociedad y de la responsabilidad del intelectual en defender con sus herramientas teóricas los principios republicanos.

Participó activamente en la revolución de mayo y en los primeros meses del gobierno patrio. Su pluma trazó los decretos de la Primera Junta, la redacción del primer periódico argentino, La Gaceta de Buenos Aires, creado para cumplir con el principio republicano de la publicidad de los actos de gobierno y tribuna de opinión y reflexión política para su mente inquieta, y posiblemente definió la estrategia para defender las instituciones nacientes a través del Plan de Operaciones encargado por la Junta.

Las fricciones al interior de la Junta llegaron a su punto culminante con la redacción del Decreto de Supresión de Honores, que había intentado frenar las aspiraciones virreinales de Cornelio Saavedra. Allí sostuvo el principio de la igualdad jurídica de los ciudadanos y que su libertad se funda en la paridad con aquellos que ejercen la función pública.

Sus férreas convicciones lo condujeron a la renuncia a su cargo de Secretario de la Junta, el destierro camuflado en una representación diplomática ante las cortes del Brasil y Gran Bretaña, y una prematura muerte en el mar, el 4 de marzo de 1811.

El acta de la reunión del 18 de diciembre glosaba su último discurso, con un dejo de esperanza cifrada en "que el pueblo empieza a pensar sobre el gobierno, aunque cometa errores que después enmendará, avergonzándose de haber correspondido mal a unos hombres que han defendido con intenciones puras sus derechos."

La primera compilación de la palabra escrita de Mariano Moreno, elaborada por su hermano Manuel, revivirá el discurso y lo pondrá nuevamente en acción ante una nueva fase de la política revolucionaria. Las sucesivas generaciones que irán jalonando la organización de la Argentina, reproducirán ese discurso y lo reformularán de acuerdo a su época y a sus particulares ideas. Así el proyecto y la teoría que lo sustenta continuarán brillando como la llama eterna de la libertad.

Consideramos al Dr. Mariano Moreno como el primer politólogo porque a través de sus escritos es el primero que plantea:

-  El problema de las instituciones desde la perspectiva del origen del gobierno legítimo fundada en el derecho natural y el establecimiento autónomo del pacto social.

-  La identificación entre pacto social y constitución se resuelve fortaleciendo el significado del acto legislativo como el verdadero pacto que producirá la felicidad general.

-  La importancia decisiva de que el Congreso convocado establezca una constitución.

-  El problema de los sujetos reconoce la distinción entre "el pueblo de las Américas" que preexiste al pacto -y nunca pactó con los reyes españoles- y "el pueblo de España" -que sí pactó el establecimiento de una monarquía.

-  Ese pueblo americano diferenciado de España constituye el fundamento de la legitimidad del pacto que emana de la constitución propuesta.

-  La noción de pueblo(s) se constituye en forma distinta y articulada dialógicamente con la de "gobierno" o de "representantes".

-  El pueblo se convierte en sujeto político interpelando a sus autoridades y no meramente como elector de un conjunto de representantes y se considera la fragilidad de las instituciones ante la apatía de los representados.

-  La distinción entre "pueblo de Buenos Aires" y "pueblo de las provincias" considerando sus iguales derechos a participar de la formación de un gobierno común.

Estas líneas generales constituyen un bosquejo de trazo firme sobre el problema del establecimiento de un orden político independiente en el actual territorio de la República Argentina, considerando sus principales obstáculos y el camino sugerido para establecer una sociedad política democrática, promoviendo la acción cívica comprometida e informada.

Por eso afirmamos que Mariano Moreno fue el primer politólogo. Y que la senda trazada por su pluma todavía tiene un trecho por recorrer por todos aquellos politólogos que creemos en la necesidad de ampliar los márgenes de la democracia en el siglo XXI.

La Ciencia Política en la Argentina

El primer intento de formalización de los estudios políticos en la Argentina independiente debió esperar hasta 1920, con la creación de las licenciaturas en Servicio Consular y Servicio Diplomático, dependientes de la Facultad de Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas de la Universidad del Litoral, fundada en 1919, por el impulso del movimiento reformista universitario que había nacido en Córdoba, un año atrás. En el año 1927 se crea en el ámbito de esa facultad, el Doctorado de Ciencias Políticas.

La Universidad Nacional de Cuyo, creada en 1939, albergó, desde 1952, una Escuela de Estudios Políticos y Sociales, dependiente del Rectorado, y sobre esa base, en el año 1967 se crea la Facultad de Ciencias Políticas en esa casa de estudios.

Con la reforma del sistema universitario bajo el gobierno de Arturo Frondizi surgen las universidades privadas y al poco tiempo en ellas se fundan carreras de ciencia política. La Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina fue fundada en 1965 como escuela de posgrado y en 1972 se abrió el curso de Licenciatura en Ciencias Políticas. Paralelamente se crea la Carrera de Ciencia Política en la Universidad del Salvador. En esos años se formaron otras licenciaturas de ciencia política en universidades públicas y privadas.

A partir del retorno a la democracia, en 1983 se cumplió un anhelo largamente esperado por la Universidad de Buenos Aires: la creación de una carrera de ciencia política, que en un primer momento, en 1985, existió como "carrera de ciencias políticas", dependiente del rectorado. Con la creación de la Facultad de Ciencias Sociales, desde el año 1988 pasó a integrar esa unidad académica, y al año siguiente se le cambió el nombre por el de "Carrera de Ciencia Política". En los últimos años, con la proliferación de universidades públicas en el conurbano bonaerense y en varias provincias, además de una cantidad considerable de instituciones privadas, se crearon nuevas carreras de ciencia política y postgrados de diversa categoría, diplomaturas, maestrías y doctorados, en todo el país. Actualmente existen en Argentina 33 programas de grado (Licenciaturas) y 42 programas de postgrado (15 doctorados y 27 maestrías) en ciencia política.

La inexistencia de un Colegio Profesional, o entidad que reúna obligatoriamente al conjunto de los graduados en ciencia política -desde 1982 se constituyó la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP) afiliada a la Asociación Internacional de Ciencia Política- hace difícil determinar la cantidad de politólogos, pero podemos estimar que son varios miles distribuidos por todo el país (sólo en la UBA hay alrededor de 2000 graduados). Además, debe contarse a los profesionales que, proviniendo de otras disciplinas, han realizado postgrados en ciencia política en Argentina o en el exterior. Y también debe considerarse a los politólogos que, a pesar de no haber recibido un título en "ciencia política", han dedicado su vida a la docencia y la investigación en la disciplina, y por ello son considerados como politólogos por toda la comunidad académica.

La ciencia política en Argentina se ha desarrollado no sólo en las universidades, sino también a través de institutos de investigación de proyección latinoamericana, como FLACSO, CEDES y CLACSO, y su producción académica se puede compilar en numerosas publicaciones periódicas de ciencia política que se han editado en las últimas décadas. Algunos politólogos argentinos han logrado un destacado lugar en la ciencia política mundial. En enero de 2006 el Comité Ejecutivo de la Asociación Internacional de Ciencia Política (IPSA) otorgó su Premio a la trayectoria académica (lifetime achievement) al Doctor Guillermo O´Donnell.

La profundidad de la crisis que atraviesa nuestro país realza la magnitud del aporte que la Ciencia Política es capaz de brindar a la comprensión de las transformaciones que se están operando en las prácticas políticas y cómo deberán ser tenidas en cuenta en los diseños institucionales que se construyan en el futuro. Como en los orígenes de la Patria, las circunstancias reclaman una vez más el compromiso del intelectual para pensar y contribuir a la obra de la construcción nacional. Por último, Señor Presidente, cabe aclarar que este proyecto cuenta con el aval de la Asociación Civil Mariano Moreno y de la Red Argentina de Ciencia Política Mariano Moreno. Por todo lo expuesto, Señor Presidente, solicitamos la aprobación del presente proyecto en memoria del Dr. Mariano Moreno quien dedicó su vida al estudio de una disciplina que veneraba, la ciencia política, y que definió como "la sublime ciencia que trata de las naciones".

 

 

Proyecto Diputados Cafiero y Stubrin

 

Declárese Día Nacional del Politólogo el 23 de septiembre,

en  memoria del Dr. Mariano Moreno, nacido en Buenos Aires, el 23 de septiembre de 1778, considerado dentro de los fundadores de nuestra nacionalidad el primer hombre que reflexiona acerca de la actividad política.

 

 

Fundamentos


Sr. Presidente:

 

Este Proyecto de Resolución tiene por objeto establecer el 23 de septiembre como Día Nacional del Politólogo. Desde los orígenes de la Argentina, la reflexión política –tal la materia y actividad del politólogo- ha estado íntimamente vinculada a la experiencia que forjó nuestras instituciones. Y Mariano Moreno fue uno de los protagonistas de la lucha por la emancipación, que puso su formación intelectual al servicio de la revolución, participando de la Primera Junta y reflexionando sobre la transformación política en las páginas del periódico La Gaceta.

A lo largo de nuestra historia nacional encontramos políticos e intelectuales que más allá de su actuación, reflexionaron sobre la actividad política y los proyectos de Nación que se debatían, contribuyendo con sus opiniones a la construcción de una Argentina real. En ese ámbito encontramos los escritos de Juan Bautista Alberdi y las cartas de Juan Manuel de Rosas, Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento junto a Adolfo Saldías y Ernesto Quesada.

El espíritu del Centenario impulsó este interés y surge la publicación, a partir de 1910, de La Revista Argentina de Ciencias Políticas, bajo la dirección de Rodolfo Rivarola, constituyendo un hito en la concepción de la política como ciencia. La otra instancia fundamental está dada por la conformación de la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad del Litoral, en el año 1929, no casualmente bajo un gobierno popular.

Desde entonces, los estudios de la Ciencia Política se han expandido en todo el país y en universidades públicas y privadas, así como en centros de investigación y asociaciones. A partir de la reinstauración del sistema democrático en 1983, la profesión del politólogo ha logrado una creciente inserción en los ámbitos académicos, políticos y la empresa privada.

La profundidad de la crisis que atraviesa nuestro país realza la magnitud del aporte que la Ciencia Política es capaz de brindar a la comprensión de las transformaciones que se están operando en las prácticas políticas y cómo deberán ser tenidas en cuenta en los diseños institucionales que se construyan en el futuro. Como en los orígenes de la Patria, las circunstancias reclaman una vez más el compromiso del intelectual para pensar y contribuir a la obra de la construcción nacional.

Por todo esto, Sr. Presidente, solicito la aprobación del presente proyecto de resolución.

Proyecto Diputado Storero

El Senado y Cámara de Diputados,...

Artículo 1°: Institúyese la fecha 23 de septiembre como "Día Nacional del Politólogo", en memoria del Dr. Mariano Moreno, nacido en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778, considerado dentro de los fundadores de nuestra nacionalidad el primer hombre que reflexiona acerca de la actividad política.

Artículo 2°: La fecha mencionada queda incorporada al calendario de actos y conmemoraciones oficiales de la Nación.

Fundamentos

Señor presidente:

La iniciativa de instituir el 23 de septiembre como "Día Nacional del Politólogo" fue presentada en el año 2003 por los entonces diputados nacionales Mario Cafiero y Lilia Puig de Stubrin, bajo el Expte. N° 1885. El mismo ha perdido su estado parlamentario, motivo por el cual se presenta nuevamente, pero en este caso como proyecto de ley.

Este proyecto tiene por objeto establecer el 23 de septiembre como Día Nacional del Politólogo en memoria del Dr. Mariano Moreno, nacido en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778, considerado dentro de los fundadores de nuestra nacionalidad el primer hombre que reflexiona acerca de la actividad política.

Los primeros pensadores

Desde los orígenes de la Argentina, la reflexión política -tal la materia y actividad del politólogo- ha estado íntimamente vinculada a la experiencia que forjaron nuestras instituciones.

Desde los primeros artículos periodísticos y ensayos publicados por nuestros Libertadores, como las obras de Mariano Moreno cuyo carácter fundacional reivindicamos, o las "Instrucciones del Año XIII a los Diputados de la Banda Oriental" de José Gervasio Artigas, que inauguran la tradición teórica federal rioplatense, aparecen elementos de análisis político que acompañan al proyecto de Independencia de los pueblos hispanoamericanos. Pero será la siguiente generación, nacida con la Patria, la que constituirá el primer esfuerzo colectivo de reflexión y praxis política.

En el año 1837 Esteban Echeverría constituyó la Asociación de la Joven Generación Argentina, con el objeto de recuperar los ideales de Mayo de 1810, de la que participaron Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi, Bartolomé Mitre, Juan María Gutiérrez y Vicente Fidel López, entre otros. El Dogma Socialista de Echeverría fue su manifiesto intelectual. De allí surgió la construcción teórica que cimentó la organización nacional a partir de la Constitución de 1853.

La generación siguiente es la de los intelectuales formados en los colegios y universidades nacionales durante los años de formación del Estado Argentino. De todos ellos, se destacan los directores de las dos grandes publicaciones periódicas de la transición de los siglos XIX al XX: la Revista Argentina de Derecho, Historia y Letras, creada en 1898 por Estanislao Zeballos, y la publicación que ya en su nombre lleva la referencia a la nueva disciplina: la Revista Argentina de Ciencias Políticas, editada desde 1910 por Rodolfo Rivarola. En sus páginas se reúnen trabajos de análisis político y social de los más destacados intelectuales de Argentina y América Latina.

Mariano Moreno: el primer politólogo

Mariano Moreno fue uno de los protagonistas de la lucha por la emancipación, que puso su formación intelectual al servicio de la revolución, participando de la Primera Junta y reflexionando sobre la transformación política en las páginas del periódico "La Gaceta".

Apenas 32 años de existencia le bastaron a Mariano Moreno para forjar un ideal y procurar realizarlo transformando la vida política de su tierra. Tan solo un lustro de actividad profesional le alcanzó para desempeñar aquellas tareas que hoy definen a la profesión del politólogo: asesoría política, reflexión filosófica e histórica, participación en la acción política y en el gobierno.

Nacido el 23 de septiembre de 1778 en Buenos Aires, Mariano Moreno cursó sus primeras letras en la Escuela del Rey y el Colegio San Carlos, donde completó los estudios superiores de teología, hacia el año 1798. Probablemente tuvo acceso allí, por vez primera, a la obra de Jean-Jacques Rousseau, que circulaba clandestinamente en el Colegio.

En la Universidad de Chuquisaca cursó estudios superiores gracias a la iniciativa de un sacerdote pleitista, quien advirtió su capacidad intelectual y lo envió con cartas de recomendación a casa de su amigo, el canónigo Matías Terrazas. Aunque la idea originaria era doctorarse en Teología, el ambiente revolucionario de la casa de estudios alto peruana que era en aquel entonces la usina de las ideas de la Ilustración en el Nuevo Mundo, convenció al joven porteño de abandonar la sotana por el camino del derecho.

Mariano Moreno se recibió de bachiller en leyes en el año 1804, con una tesis doctoral que condenaba el sometimiento de los aborígenes por parte de las autoridades españolas a través de la mita y el yanaconazgo titulada: "Disertación Jurídica sobre el servicio personal de los indios". Este escrito tiene un interés politológico y jurídico como fundamento empírico del estado de naturaleza en las Américas, ya que "ciudadaniza" a los indios cuando sostiene su estatus originario de libertad.

El paso por Chuquisaca no sólo definió las ideas de Mariano Moreno y cambió su profesión, sino que también signó su vida personal, a partir del momento en que vio el relicario con el rostro de la niña María Guadalupe Cuenca, la que sería su mujer y madre del pequeño Mariano. Con su título, la quinceañera "Mariquita" y el bebé de ambos, partió para Buenos Aires donde solicitó autorización para ejercer, incorporándose a la nómina de abogados de la ciudad donde enseguida se distinguió por sus habilidades como defensor. Al poco tiempo fue designado Relator del Tribunal de la Audiencia y consejero del Cabildo.

En 1909 representó a los hacendados porteños en su reclamación contra las medidas restrictivas que imponía el monopolio, sobre los negocios de los criollos. El escrito de defensa, dirigido al virrey Baltasar Cisneros, y conocido como La representación de los hacendados, establece una decidida toma de posición a favor del libre comercio y contiene algunas definiciones reveladoras de su visión de la política y la administración pública: "La política es la medicina de los estados y nunca manifiesta el magistrado más destreza en el manejo de sus funciones, que cuando corta la maligna influencia de un mal que no puede evitar, corrigiendo su influjo por una dirección inteligente que produce la energía y fomento del cuerpo político".

Los acontecimientos de mayo de 1810 lo encuentran entre los ciudadanos que no se conformaron con el permiso del Virrey Cisneros para convocar al Cabildo Abierto, ni con la Junta provisoria que lo mantenía en el poder, designada el 24 de mayo. Su fama de brillante abogado y el escrito en defensa de los Hacendados fueron quizás los factores que más influyeron para que el nombre de Moreno se incluyera en la lista urdida por French y Berutti. Así se convirtió en el Secretario de la Junta provisional de gobierno proclamada el 25 de mayo de 1810.

Uno de sus mayores aportes a la ciencia política ha sido la difusión del Contrato Social de Jean-Jacques Rousseau, encargada por la Primera Junta, cuyo prólogo contiene una verdadera síntesis del valor de la difusión del conocimiento político hacia la sociedad y de la responsabilidad del intelectual en defender con sus herramientas teóricas los principios republicanos.

Participó activamente en la revolución de mayo y en los primeros meses del gobierno patrio. Su pluma trazó los decretos de la Primera Junta, la redacción del primer periódico argentino, La Gaceta de Buenos Aires, creado para cumplir con el principio republicano de la publicidad de los actos de gobierno y tribuna de opinión y reflexión política para su mente inquieta, y posiblemente definió la estrategia para defender las instituciones nacientes a través del Plan de Operaciones encargado por la Junta.

Las fricciones al interior de la Junta llegaron a su punto culminante con la redacción del Decreto de Supresión de Honores, que había intentado frenar las aspiraciones virreinales de Cornelio Saavedra. Allí sostuvo el principio de la igualdad jurídica de los ciudadanos y que su libertad se funda en la paridad con aquellos que ejercen la función pública.

Sus férreas convicciones lo condujeron a la renuncia a su cargo de Secretario de la Junta, el destierro camuflado en una representación diplomática ante las cortes del Brasil y Gran Bretaña, y una prematura muerte en el mar, el 4 de marzo de 1811.

El acta de la reunión del 18 de diciembre glosaba su último discurso, con un dejo de esperanza cifrada en "que el pueblo empieza a pensar sobre el gobierno, aunque cometa errores que después enmendará, avergonzándose de haber correspondido mal a unos hombres que han defendido con intenciones puras sus derechos."

La primera compilación de la palabra escrita de Mariano Moreno, elaborada por su hermano Manuel, revivirá el discurso y lo pondrá nuevamente en acción ante una nueva fase de la política revolucionaria. Las sucesivas generaciones que irán jalonando la organización de la Argentina, reproducirán ese discurso y lo reformularán de acuerdo a su época y a sus particulares ideas. Así el proyecto y la teoría que lo sustenta continuarán brillando como la llama eterna de la libertad.

Consideramos al Dr. Mariano Moreno como el primer politólogo porque a través de sus escritos es el primero que plantea:

- ? El problema de las instituciones desde la perspectiva del origen del gobierno legítimo fundada en el derecho natural y el establecimiento autónomo del pacto social.

- ? La identificación entre pacto social y constitución se resuelve fortaleciendo el significado del acto legislativo como el verdadero pacto que producirá la felicidad general.

- ? La importancia decisiva de que el Congreso convocado establezca una constitución.

- ? El problema de los sujetos reconoce la distinción entre "el pueblo de las Américas" que preexiste al pacto -y nunca pactó con los reyes españoles- y "el pueblo de España" -que sí pactó el establecimiento de una monarquía.

- ? Ese pueblo americano diferenciado de España constituye el fundamento de la legitimidad del pacto que emana de la constitución propuesta.

- ? La noción de pueblo(s) se constituye en forma distinta y articulada dialógicamente con la de "gobierno" o de "representantes".

- ? El pueblo se convierte en sujeto político interpelando a sus autoridades y no meramente como elector de un conjunto de representantes y se considera la fragilidad de las instituciones ante la apatía de los representados.

- ? La distinción entre "pueblo de Buenos Aires" y "pueblo de las provincias" considerando sus iguales derechos a participar de la formación de un gobierno común.

Estas líneas generales constituyen un bosquejo de trazo firme sobre el problema del establecimiento de un orden político independiente en el actual territorio de la República Argentina, considerando sus principales obstáculos y el camino sugerido para establecer una sociedad política democrática, promoviendo la acción cívica comprometida e informada.

Por eso afirmamos que Mariano Moreno fue el primer politólogo. Y que la senda trazada por su pluma todavía tiene un trecho por recorrer por todos aquellos politólogos que creemos en la necesidad de ampliar los márgenes de la democracia en el siglo XXI.

La Ciencia Política en la Argentina

El primer intento de formalización de los estudios políticos en la Argentina independiente debió esperar hasta 1920, con la creación de las licenciaturas en Servicio Consular y Servicio Diplomático, dependientes de la Facultad de Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas de la Universidad del Litoral, fundada en 1919, por el impulso del movimiento reformista universitario que había nacido en Córdoba, un año atrás. En el año 1927 se crea en el ámbito de esa facultad, el Doctorado de Ciencias Políticas.

La Universidad Nacional de Cuyo, creada en 1939, albergó, desde 1952, una Escuela de Estudios Políticos y Sociales, dependiente del Rectorado, y sobre esa base, en el año 1967 se crea la Facultad de Ciencias Políticas en esa casa de estudios.

Con la reforma del sistema universitario bajo el gobierno de Arturo Frondizi surgen las universidades privadas y al poco tiempo en ellas se fundan carreras de ciencia política. La Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina fue fundada en 1965 como escuela de posgrado y en 1972 se abrió el curso de Licenciatura en Ciencias Políticas. Paralelamente se crea la Carrera de Ciencia Política en la Universidad del Salvador. En esos años se formaron otras licenciaturas de ciencia política en universidades públicas y privadas.

A partir del retorno a la democracia, en 1983 se cumplió un anhelo largamente esperado por la Universidad de Buenos Aires: la creación de una carrera de ciencia política, que en un primer momento, en 1985, existió como "carrera de ciencias políticas", dependiente del rectorado. Con la creación de la Facultad de Ciencias Sociales, desde el año 1988 pasó a integrar esa unidad académica, y al año siguiente se le cambió el nombre por el de "Carrera de Ciencia Política". En los últimos años, con la proliferación de universidades públicas en el conurbano bonaerense y en varias provincias, además de una cantidad considerable de instituciones privadas, se crearon nuevas carreras de ciencia política y postgrados de diversa categoría, diplomaturas, maestrías y doctorados, en todo el país. Actualmente existen en Argentina 33 programas de grado (Licenciaturas) y 42 programas de postgrado (15 doctorados y 27 maestrías) en ciencia política.

La inexistencia de un Colegio Profesional, o entidad que reúna obligatoriamente al conjunto de los graduados en ciencia política -desde 1982 se constituyó la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP) afiliada a la Asociación Internacional de Ciencia Política- hace difícil determinar la cantidad de politólogos, pero podemos estimar que son varios miles distribuidos por todo el país (sólo en la UBA hay alrededor de 2000 graduados). Además, debe contarse a los profesionales que, proviniendo de otras disciplinas, han realizado postgrados en ciencia política en Argentina o en el exterior. Y también debe considerarse a los politólogos que, a pesar de no haber recibido un título en "ciencia política", han dedicado su vida a la docencia y la investigación en la disciplina, y por ello son considerados como politólogos por toda la comunidad académica.

La ciencia política en Argentina se ha desarrollado no sólo en las universidades, sino también a través de institutos de investigación de proyección latinoamericana, como FLACSO, CEDES y CLACSO, y su producción académica se puede compilar en numerosas publicaciones periódicas de ciencia política que se han editado en las últimas décadas. Algunos politólogos argentinos han logrado un destacado lugar en la ciencia política mundial. En enero de 2006 el Comité Ejecutivo de la Asociación Internacional de Ciencia Política (IPSA) otorgó su Premio a la trayectoria académica (lifetime achievement) al Doctor Guillermo O´Donnell.

La profundidad de la crisis que atraviesa nuestro país realza la magnitud del aporte que la Ciencia Política es capaz de brindar a la comprensión de las transformaciones que se están operando en las prácticas políticas y cómo deberán ser tenidas en cuenta en los diseños institucionales que se construyan en el futuro. Como en los orígenes de la Patria, las circunstancias reclaman una vez más el compromiso del intelectual para pensar y contribuir a la obra de la construcción nacional. Por último, Señor Presidente, cabe aclarar que este proyecto cuenta con el aval de la Asociación Civil Mariano Moreno y de la Red Argentina de Ciencia Política Mariano Moreno. Por todo lo expuesto, Señor Presidente, solicitamos la aprobación del presente proyecto en memoria del Dr. Mariano Moreno quien dedicó su vida al estudio de una disciplina que veneraba, la ciencia política, y que definió como "la sublime ciencia que trata de las naciones".

 

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Proyecto Diputados Cafiero y Stubrin

 

Declárese Día Nacional del Politólogo el 23 de septiembre,

en  memoria del Dr. Mariano Moreno, nacido en Buenos Aires, el 23 de septiembre de 1778,

considerado dentro de los fundadores de nuestra nacionalidad

el primer hombre que reflexiona acerca de la actividad política.

 

Fundamentos


Sr. Presidente:

 

Este Proyecto de Resolución tiene por objeto establecer el 23 de septiembre como Día Nacional del Politólogo. Desde los orígenes de la Argentina, la reflexión política –tal la materia y actividad del politólogo- ha estado íntimamente vinculada a la experiencia que forjó nuestras instituciones. Y Mariano Moreno fue uno de los protagonistas de la lucha por la emancipación, que puso su formación intelectual al servicio de la revolución, participando de la Primera Junta y reflexionando sobre la transformación política en las páginas del periódico La Gaceta.

A lo largo de nuestra historia nacional encontramos políticos e intelectuales que más allá de su actuación, reflexionaron sobre la actividad política y los proyectos de Nación que se debatían, contribuyendo con sus opiniones a la construcción de una Argentina real. En ese ámbito encontramos los escritos de Juan Bautista Alberdi y las cartas de Juan Manuel de Rosas, Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento junto a Adolfo Saldías y Ernesto Quesada.

El espíritu del Centenario impulsó este interés y surge la publicación, a partir de 1910, de La Revista Argentina de Ciencias Políticas, bajo la dirección de Rodolfo Rivarola, constituyendo un hito en la concepción de la política como ciencia. La otra instancia fundamental está dada por la conformación de la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad del Litoral, en el año 1929, no casualmente bajo un gobierno popular.

Desde entonces, los estudios de la Ciencia Política se han expandido en todo el país y en universidades públicas y privadas, así como en centros de investigación y asociaciones. A partir de la reinstauración del sistema democrático en 1983, la profesión del politólogo ha logrado una creciente inserción en los ámbitos académicos, políticos y la empresa privada.

La profundidad de la crisis que atraviesa nuestro país realza la magnitud del aporte que la Ciencia Política es capaz de brindar a la comprensión de las transformaciones que se están operando en las prácticas políticas y cómo deberán ser tenidas en cuenta en los diseños institucionales que se construyan en el futuro. Como en los orígenes de la Patria, las circunstancias reclaman una vez más el compromiso del intelectual para pensar y contribuir a la obra de la construcción nacional.

Por todo esto, Sr. Presidente, solicito la aprobación del presente proyecto de resolución

 

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